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La importancia de la moralidad y la ética en el ejercicio de la abogacía

La realidad de la pandemia vino a sacar al mundo entero de la conformidad y exacerbado materialismo sobre los cuales transitaba antes de ella la humanidad. La confrontación con la muerte repentina y el colapso de los sistemas económicos por las medidas y las restricciones, nos están llevando a una revalorización de los elementos esenciales y valores que deben sostener la vida cotidiana de la humanidad.

Aunque no es un proceso terso y los conflictos y enfrentamientos con los paradigmas antiguos y heredados aún persisten sobre lo esperado para el control y la mitigación del contagio, es un hecho que estamos enfrentando una crisis global que nos llevará a una situación de transformación que va más allá de la cuestión digital, ya que abarca en mucho la esencia de los humanos y la interrelación social entre nosotros.

Cuando nos habíamos acostumbrado a la masificación y homogenización de la sociedad, hoy tenemos que tomar «distancia» y en algunos casos por el «aislamiento social«. Esto sin duda ya empieza a impactar a nuestra sociedad sobre el importante valor de fondo en la recomendación y principio de la nueva normalidad que afirma que debemos primero a cuidarnos nosotros para cuidar a los demás.

Sin pretender salir del tema, en este momento me viene a la menta una de las primeras clases de Ética y Derecho al estudiar leyes. La abogada docente nos envío a recopilar historias, ya sean anécdotas o chistes sobre abogados. Leídos y compartidos en clase, después de la hilaridad propia y consecuente del relato, vino a la reflexión lo que se piensa la sociedad del abogado.

Sabemos muy bien que, en los demás miembros de la sociedad e inclusive entre nosotros mismos, que hay varios colegas que no ayuda a construir una imagen pulcra y comprometida a favor de causas sociales o empáticas con las necesidades de los clientes. En algunas ocasiones, ante el conocimiento de las situaciones legales y por otro lado la ignorancia de la población, el abuso y el dispendio han sido elementos que dejan mal posicionado al profesionista de las leyes.

¿Qué no enseña el principio «Cuídate tú, para cuidar a los demás«, que es fundamental para la nueva normalidad consecuente a la emergencia sanitaria que estamos viviendo?

Retomar el valor de la persona, poner en el centro de la atención nuestra propia humanidad a la cual también somos parte de ella.

Esto implica revalorizar valores morales e inclusive religiosos que complementan la integridad de nuestra existencia. Ya que nos proporcionan principios de conducta que ayudan a consolidar la acción que conduce a la calidad y respeto a la dignidad humana.

Tal vez y un alto reflexivo y hacer de nosotros las palabras sabias de la oración del justo juez nos den un parámetro de como mejorar nuestra práctica profesional y, con ello, ayudar a la sociedad a consolidar la paz, el bienestar y la justicia social que son los fines más generales de nuestra profesión. Nuestra contribución para construir una mejor sociedad.

 

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