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Las ayudas y subvenciones para la mujer trabajadora

Los hechos sociales, por lo cuales se estructura la sociedad, interactúan los individuos y se van consolidando el conjunto de creencias que matizan y caracterizan aun comunidad, sobre el tema de los derechos entre el hombre y la mujer es claro que hay una predominancia del primero por encima de la segunda.

Si vemos un hecho en México como compara la estadística de asesinatos entre hombres y mujeres, la definición penal del feminicidio no tendría lugar de ser. Algunos datos dan a entender que hay alrededor de más de tres mil homicidios de hombres que están muy por encima de los mil que se reportan de mujeres. Es por ello, que si nos fuésemos por la simple estadística resulta mucho mayor el asesinato de mujeres.

Sin embargo, se insiste mucho y por consiguiente se toman las medidas para crear no solo el tipo penal del feminicidio, sino que instrumentan más mecanismos, protocolos e instituciones que atienden el tema del feminicidio como una prioridad de política pública en un reclamo al cual no se “no se le puede quitar el ojo”.

Es una realidad de que la condición de la mujer en los países latinos arrastra una serie de principios y valores culturales que la sitúan en una posición de desventaja social. En el “machismo” cultural ha predominado la sumisión de la mujer a los intereses del hombre. La violencia familiar lo demuestra, ya que resulta diametralmente opuesta a los homicidios. Mientras que hay un poco más del 60 por ciento de mujeres que reclaman y denuncian hechos de violencia contra ellas, la violencia contra el hombre provocada por una mujer no llega al 30 por ciento.

Mucha de esa violencia contra la mujer se encuentra en el mundo laboral. La dinámica industrialista de la sociedad vino a cambiar la interacción entre hombre y mujeres en el campo laboral, lo que permitió que las vacantes se abrieran más a favor de la población femenina.

Sin embargo, esto no ha estado exento de decisiones y medidas que van contra una verdadera generación de oportunidades laborales igualitarias y equitativas entre ambos sexos. Mientras que muchos puestos directivos y los mejores salarios se le otorgan al hombre, la mujer sufre del menoscabo de sus intereses laborales y profesionales.

Ante tal situación, en los últimos años se ha insistido en la consolidación de una “perspectiva de género” que permita dar un abordaje diferente a la cuestión de las diferencias de género entre el hombre y la mujer con miras a consolidar espacios más igualitarios y equitativos para darle a cada sexo un trato legal acorde con su propia realidad y sin menoscabar sus derechos humanos.

En varios países de Latinoamérica se han dado pasos significativos para apoyar a las mujeres trabajadoras. En nuestro país recientemente se ha cambiado la legislación laboral para darle cabida a las trabajadoras domésticas una mayor certidumbre legal y estabilidad laboral. En otro ejemplo que se debe considerar es el bono a la mujer trabajadora de chile que premia el esfuerzo de las mujeres trabajadora en ese país latinoamericano; pero que también, es parte de un círculo virtuoso porque los empleadores reciben un estímulo por la contratación de este sector vulnerable.

Sin embargo, aún falta mucho a la sociedad latinoamericana para cambiar el paradigma del machismo. Pero es esfuerzo de muchos y de algunos gobiernos están sembrando el cambio

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