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La importancia de la globalidad jurídica, caso de México y España

 

Estamos viviendo un nuevo mundo que ha evolucionado, gracias a los avances tecnológicos y de la capacidad de interacción digital, hacia una nueva forma de comunicación que implica cambiar los modelos y paradigmas en las formas en como nos relacionamos.

El Derecho, como tal, tiene que ir a la par de las transformaciones sociales y de los contextos del mundo. Entre sus funciones busca establecer el cuerpo normativo que regule y fortalezca los procesos sociales bajo un principio de legalidad y justicia para construir una mejor sociedad, más justa y que viva en paz y con armonía social.

Europa, después de la segunda guerra mundial y por el espíritu de integración que se hizo necesario para dirimir las diferencias entre los pueblos del continente, nos ha dado una muestra de integración nacional con la construcción y consolidación de la unión europea. Una integración que eliminó las fronteras físicas que establecían mecanismos legales para el tránsito de las personas como un ejemplo primario y que, además, ha permitido un flujo libre de procesos administrativos y legales que hoy son modelo para el mundo entero.

Tradicionalmente se ha reconocido dos sistemas normativos en Derecho al dividirse en el sistema del “common law” o anglosajón y el continental que tiene una base jurídica en la codificación escrita. México, como país que recibió la influencia directa de España por la conquista y posteriormente la colonia que sentaron las bases de la sociedad mexicana cuando se crea la nación en el año de 1824.

Como ejemplo de esa influencia las encontramos en los nombres de las plazas principales de las capitales de las intendencias de la Nueva España, como era conocida la presencia española en lo que hoy en México. Hasta la fecha se les conoce como “plazas grandes” o “plazas de la constitución” en una clara alusión a la constitución española de Cádiz que fue instaurada en los últimos años de la colonia.

Hoy estamos muy unidos por el mundo tecnológico lo que nos permite una interacción mucho más amplia gracias a la conectividad digital. Ejemplo de ello es la posibilidad que tenemos los mexicanos para estudiar maestros o posgrados en universidades españolas. Algunas de esas instituciones educativas han celebrado convenios de colaboración con universidades mexicanas así que los procesos de titulación cuentan con la titulación de doble nacionalidad.

Otro caso de integración que cada día vence las barreras físicas es el comercio electrónico con la posibilidad de establecer entre ambas naciones, México y España, un intercambio de productos o servicios. Esto amplia las redes comerciales y beneficia a ambos países.

Sin embargo, es necesario establecer que, aunque compartimos el mismo fundamento del Derecho, la evolución social ha creado muchas diferencias entre nosotros. Lo que implica que un profesionista del derecho mexicano que deseará ejercer como abogado mercantil en Madrid no existe una homologación directa de estudios hechos en México. Lo que implica que para ejercer como tal requeriría estudiar nuevamente las leyes para que pueda entender y aplicar los procesos jurídicos correspondientes.

No obstante de lo anterior, hay muchos elementos que nos unen y que se integran mucho más con el mundo tecnológico y global que nos abre la posibilidad tanto a México como a España cumplir con el ideal que nos planteó el insurgente José María Morelos y Pavón cuando afirmó que ambas naciones no eran enemigas, sino “repúblicas hermanas”.

 

 

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